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Arropada en las suaves
praderas al pie de la majestuosa colina del Benrinnes se encuentra
la destilería GLENFARCLAS que literalmente significa
“valle de la verde hierba”, éste es el
hogar, la cuna del viejo whisky de malta, verdadero orgullo
del aguardiente clásico Escocés.
Más arriba de la destilería un pequeño
manantial de frescas y cristalinas aguas fluye, deslizándose
sobre un suelo granítico a través del brezo
y la turba que lo filtran. El agua surge desde el corazón
de la colina, alimentada por las lluvias y el deshielo de
las nieves. Las gentes del lugar dicen que la nieve es mejor
que la lluvia, pues funde lentamente con lo que el caudal
es más estable y humedece todo el paisaje.
De las tierras circundantes procede toda la cebada que se
utiliza en el proceso de malta de GLENFARCLAS. La cebada Escocesa
tiene unas características particulares que la hacen
especialmente indicada para este proceso, y es en estas tierras
donde se ha cultivado desde tiempos inmemorables. Después
de germinada y tostada con un determinado porcentaje de turba,
se procede a su molturación y posterior conducción
al depósito de disolución con agua templada
(60º) procedente del manantial.
Estos ingredientes se mezclarán hasta conseguir una
papilla “mash”, que después de decantada
– para separar la cascarilla – y de que el almidón
se transforme en azúcar, se trasegará a los
depósitos de fermentación.

Una vez en los tinos de fermentación se les adicionará
las levaduras clásicas, una “Cervecera”
y una “Cultivada”, aquí el azúcar
se transformará en alcohol o sea la “cerveza”,
durante 48/72 horas tendrá lugar esta transformación,
en GLENFARCLAS se procura que el grado alcohólico sea
lo más bajo posible entre 7/8 % a fin de conservar
al máximo los aromas afrutados. Terminado el proceso,
la cerveza pasará a los especiales alambiques, construidos
expresamente para la destilería y donde el líquido
se someterá a dos cuidadosas destilaciones, de las
que se guardará exclusivamente el corazón de
la segunda destilación, bajo el atento control del
destilador.
Rigurosos controles, hacen que los lotes sean iguales y que
cualquier partida que no tenga las características
deseadas, sea rehusada inexorablemente. El nuevo aguardiente,
transparente y con aroma de peras y cerezas, se traspasará
a botas que previamente han contenido vino de Jerez y que
son importadas exclusivamente con esta finalidad.
Cada año John L. S. Grant se desplaza al sur de España
con objeto de comprar las especiales botas Jerezanas que previamente
han contenido Fino y Oloroso, aunque su coste es muy superior
al de las barricas de Bourbon americano, está convencido
que el resultado lo justifica.
Dormitando en las oscuras y frías bodegas de las tierras
altas escocesas, el whisky de malta permanece sin ser molestado
durante muchos años, en estos perderá mucha
de la graduación alcohólica inicial. Sólo
los ángeles conocen el secreto de lo que sucede durante
el maridaje bota/aguardiente, y la lenta pérdida de
fuerza hará que el proceso avance y que el whisky cambie
de color y gane en suavidad.
De las botas de Jerez le viene al malt Whishy The GLENFARCLAS
su particular color ámbar-dorado y de sus importantes
reservas, la permanencia de estilo y sabor a través
de la dilatada historia de la destilería. Podemos asegurar,
sin retóricas, que el máximo cambio efectuado
en la dilatada historia de la familia, ha sido en las etiquetas.
Antes de proceder al embotellado se efectuará una lenta
reducción de su graduación, a fin de no perturbar
el whisky, ningún aditivo ni colorante le será
añadido y sólo un ligero filtrado, para cumplir
las normas sanitarias, le será efectuado.
Todos estos cuidados se han tomado, para que cuando usted
tenga un vaso de malt whishy The GLENFARCLAS en la mano, pueda
exclamar “Slangyba” en galaico “Salut”.
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