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ESCRIBE ANGELO GAJA
Pero, ¿hay fraude en el barolo?

ANGELO GAJA
En algunos recientes artículos
se nos ha hecho observar que, a mitad de los años 80, se
produjo un cambio en los vinos de las Langas con la irrupción
en el mercado de un nutrido grupo de productores y viticultores,
algunos de los cuales apenas habían terminado los estudios
en la Escuela Enológica, y de otros no tan jóvenes
emprendedores agrícolas, todos decididos a cambiar la suerte
del vino de Barolo. Ningún indicio sobre las razones del
cambio. Intentaré proponer alguna. Para que sea más
sencilla la exposición, también me baso yo en la contraposición
entre productores tradicionales y productores innovadores, considerándola
hoy ampliamente superada.
En los años 69 y 70 el mercado había
diseñado una pirámide jerárquica, en la cúspide
de la cual estaban los productores (comerciantes principalmente)
de Barolo provenientes de pagos de reconocida categoría;
Cannubi, Vigna Rionda, Bussia, Brunate, Monprivato, etcétera,
además de algunas marcas que se habían distinguido
entonces por una atención constante por la calidad.
Los cambios surgen en la segunda mitad de los
80, por diversas razones:
a) Porque los propietarios de las viñas
que en el pasado nunca habían sido reconocidos como poseedores
de una alta cualificación y, en consecuencia, considerados
no aptos para crear barolos excepcionales, animados por una ambición
y una voluntad nueva, no aceptando más el continuar produciendo
vinos vulgares, recogieron el desafío de producir un gran
barolo y afrontaron sacrificios económicos relevantes: reduciendo
drásticamente los rendimientos en la viña; contratando
un asesor que enseñara su técnica para producir vinos
expresivos y atractivos ya desde jóvenes; construyendo bodegas
más racionales; haciendo uso (y a veces abuso) de las barricas,
etc
; análogo fenómeno se estaba difundiendo
también en Burdeos.
b) Porque muchos viticultores que habían
vendido la uva en el pasado que procedían de viñedos
situados en pagos de alta calidad, deciden producir y embotellar
ellos mismos su propio vino, mejorándose las prestaciones
comerciales que, bajo el nombre del pago, habían sido construidas
por el comerciante al que en el pasado habían vendido las
uvas (había sucedido ya, paso a paso, veinte años
antes en Borgoña).
c) Porque los unos y los otros, a) y b), para
introducir sus nuevos y flamantes vinos en el mercado, alentasen
el valor de la novedad, que una comunicación emergente guías
italianas-periodistas extranjeros estaba dispuesta para acoger
con una atención y un entusiasmo desconocido hasta entonces.
Era entonces normal que por parte de estos nuevos comunicadores
su actitud fuera de gran simpatía, de admiración,
de protección en las confrontaciones con los productores
que con pasión y sacrificio se disponían a dar los
primeros pasos en el mercado.
Al mercado del barolo le trajo grandes beneficios la ampliación
de la oferta. Las guías italianas y los escritores vinícolas
ampliaron el espacio dedicado al barolo, el confronte de los diversos
estilos de producción creó una nueva curiosidad y
originó nuevas pasiones, los consumidores ensalzaron la primacía
del barolo y crecieron los aficionados de todo el mundo, la demanda
de las añadas muy buenas y excelentes se sucedieron como
nunca antes había ocurrido, los precios subieron, distribuyendo
prosperidad a todos los productores.
La consecuencia fue que la pirámide jerárquica de
los productores de Barolo sufrió un revolcón profundo,
casi un terremoto.
En las posiciones altas de la pirámide, los tradicionalistas,
que se habían instalado después de una larga estancia,
se vieron forzados a dejar más sitios a los nuevos productores
emergentes: se crea, de repente, una cohabitación difícil,
porque los tradicionalistas, no sólo se negaban a tener como
modelo de calidad las propuestas de los innovadores, pero con frecuencia
desconocían totalmente qué era calidad. El magnífico
trabajo desarrollado hasta entonces por los mejores tradicionalistas
no es reconocido en Italia por la nueva generación de periodistas,
que parecían en cambio dirigir su atención casi exclusivamente
a la creciente generación de nuevos productores.
El mundo del barolo se fisura y, según la costumbre itálica,
productores, comunicadores, consumidores se alistan en bandos opuestos.
El renacer del barolo
A mediados de los 60, los expertos estimaban que de cada cuatro
botellas de barolo producidas sólo una era auténtica,
mientras las otras tres estaban trucadas. Se llama fraude comercial:
el vino que contenía la botella no procedía de uvas
nebbiolo, sino que tenía su origen en las regiones del centro-sur
de Italia. Comúnmente se decía que aquel barolo había
sido mezclado con 'el meridional'. Parecía un fraude sin
solución, que habría hundido al barolo. En cambio,
en el arco de 30 años, aquel mastodóntico fraude se
ha ido deshinchando.. No fue un milagro. Fue un cambio posible gracias
a diferentes factores.
Intento explicarlos porcentualmente:
- 5% debido a la entrada en vigor de la Denominación
de Origen Controlada o DOC (1966).
- 30% debido a la entrada en vigor de la Denominación de
Origen Controlada y Garantizada o DOCG (1981).
- 35% debido a la acción incesante dirigida durante más
de 20 años por el ex fiscal de la República del Tribunal
de Alba, doctor Gregorio Ferrero, dirigida a luchar contra el fraude
comercial.
- El restante 30% se debe al trabajo de la CCIAA de Cuneo y al cambio
de mentalidad de los productores, al efecto de las guías
y de los periodistas-catadores.
Habladurías
Entre los productores de Barolo siempre había existido un
chisme local, una mofa destinada a los productores económicamente
más afortunados (si alguien había hecho dinero, rápido
se murmuraba que lo hubiese conseguido con el vino trucado), una
acusación más o menos velada de ilegalidad, hecha
sin embargo de buena fe, bajo los soportales del Café Umberto
de Alba, a la salida de la iglesia los domingos, en funerales, en
los bares de los pueblos llenos de humo y gritos. La acusación
era siempre la misma: 'otros' productores.
El barolo lo hicieron con 'el meridional' bastante más que
con la uva nebbiolo. Pero el chascarrillo quedaba allí, alejado
del mundo, de la producción: era una costumbre, un hábito,
la aceptación de cualquier cosa inevitable, casi un aspecto
folclórico.
Y, claro, las cisternas que llegaban de fuera del Piamonte todos
las veían pasar noche y día para surtir o alimentar
los diferentes comentarios.
La deslegitimación del barolo
En los últimos años se ha producido una escalada de
la habladuría. Expertos, y supuestos expertos, manifestaban
su sorpresa y desprecio por ciertos barolos a causa de su riqueza
de color y de las expresiones olfactivas y gustativas consideradas
como impropias. Pruebas, ninguna; palabras, muchas.
De fenómeno folclórico local que era, la acusación
del barolo contaminado por la presunta adición de otras castas
se trasladó más o menos veladamente con gran rapidez
a los periódicos de categoría, revistas, páginas
de internet
primero en Italia y después también
en el extranjero. Aun cuando se reveló un grupo de productores,
sin decir nombres, la acusación ha sido genérica,
y ha procurado una especie de velada, insidiosa deslegitimación
del barolo, que ha causado una pérdida de credibilidad por
parte del consumidor y una consiguiente caída de la demanda.
Afortunadamente últimamente han llegado al mercado una serie
de añadas extraordinarias, y la polémica se ha atenuado;
porque se hace difícil imaginar que un productor pretenda
modificar las características de un vino que la naturaleza
ha hecho extraordinario.
Y es que es el productor, bastante a menudo, quien ha alimentado
la murmuración, sin pretender que deba mantener para sí
sus propias dudas, cuando decide hablar con un periodista debería
saber que no es como hablar con su tía. Con esto no pretendo
decir que nosotros los productores no debamos hablar con los periodistas.
Pero, sin autorizar a indicar el nombre de quien acusa y sin suministrar
el nombre del acusado, es como descuartizar al grupo; se hiere la
imagen del barolo en general haciéndose daño incluso
a sí mismo.
Liderazgo de Alba
La lacerante deslegitimación del barolo, el vino más
importante que tenemos en la zona, es una especialidad de Alba.
Adivinar si en el barolo, además del nebbiolo, hay otra cosa,
parece haber llegado a ser para nosotros un juego de salón,
un chismorreo refinado, un soplo de expertos que lo saben todo y
no se dejan engañar.
- Nada parecido sucede en Montalcino con el
Brunello, si hubo algún atisbo de polémica, fue rápidamente
atajado.
- Nada parecido con el Amarone.
- Nada parecido con el Chianti Classico, cuyo reglamento de producción
consiente la adición de un 20% de castas internacionales,
aunque en alguna ocasión parece que existió
Remedios
La deslegitimación ha golpeado a la magistratura, al sistema
político, al sistema económico; no hay ninguna razón
por la cual no debería también hacerlo con el barolo.
Pretenden del Consorcio de los Vinos de Alba que haga controles
severos, análisis para averiguar el ADN del barolo y descubrir
a los estafadores. Estando el barolo bajo los focos, sería
bonito poder decir que se ha adoptado cualquier control útil.
Pero no nos hagamos ilusiones de que la polémica se vaya
a detener.
El profundo deseo de la verdad, la sospecha, la maledicencia, la
calumnia, abrirán inmediatamente otros frentes; el abuso
del concentrador, la ósmosis inversa, el empleo de levaduras
y cepas modificadas genéticamente, los precursores de aromas
artificiales, los perfumes artificiales, las enzimas
En espera de que la investigación y la ciencia nos den métodos
de análisis que nos permitan perseguir las pillerías
de todo género, nosotros los productores no debemos quedarnos
con las manos en los bolsillos sino que podemos hacer algo.
En primer lugar debemos tomar conciencia de que la gran mayoría
de los productores son honestos, mientras que las ovejas negras
son la excepción. A diferencia de hace cuarenta años,
el mundo de los productores ha llegado a ser un paraíso.
El gran número de productores honestos constituye un patrimonio,
una riqueza que nos pertenece, que es nuestro, sobre el cual podemos
trabajar.
Sugeriría al Consorcio, con paciencia, retomar contacto con
el grupo de productores jóvenes, volviendo a comenzar con
ellos el diálogo, inventándose ocasiones para el encuentro,
conferencias, reflexiones. Los animadores, moderadores de estos
encuentros habría que buscarlos primero en la zona y si no
fuera de ella (Sergio Miravalle, Stefano Millioni, otros).
Se necesita ayudar a los jóvenes a crecer más deprisa
y a no cometer nuestros errores, a ser tolerantes, a proteger el
bien común (en cuestión, la denominación Barolo),
a respetar a los colegas
No son ejercicios inútiles.
Bajar la tensión, el clima de paz armada que serpentea entre
los distintos bandos de productores es igual de importante para
la promoción del barolo.
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Fecha de publicación: 18.06.2003
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