| El Ródano posee
las laderas más escarpadas del mundo de la viticultura.
Más que una viña es un acantilado, donde un grupo
de dedicados viticultores han vencido a estas vertiginosas laderas,
y las vides, han conseguido establecer sus raices. No es de
extrañar que la mejor manera de visitar las viñas
sea en helicóptero, a pie no es recomendable. |
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El valle del Ródano
abarca dos distintas sub-regiones, claramente diferenciadas,
la norte y la sur. La zona norte, en forma de columna vertebral,
sigue las dos orillas del Río Ródano desde Montélimar
hasta Vienne al norte y produce solamente el 5% de los vinos
del Ródano, los más prestigiosos.
Esta baja producción se explica en parte porque la mayoría
de las viñas se encuentran situadas sobre las empinadas
laderas de las montañas.
La calidad del vino producido en esas terrazas encaradas al
sur, protegidas de la ferocidad del Mistral, en un suelo pobre,
de mica y esquisto, pronto convenció a sus habitantes
de que el esfuerzo de ganarle metros a la montaña por
medio de terrazas de vértigo, valía la pena. Los
vinos de la Côte Rôtie, de Condrieu y de Hermitage
se cuentan hoy entre los mejores vinos del mundo. La Syrah es
la uva principal de esta zona, y se utiliza en la totalidad
de vinos tintos. Aunque existe una arraigada tradición
en la Côte Rôtie de mezclarla con otras variedades
para suavizarla y perfumarla, especialmente con la Viognier,
que produce un vino blanco exuberante y flexible, a menudo de
producción muy limitada en la zona de Condrieu.
La Marsanne es la tercera uva de la denominación, usada
para los blancos de Hermitage, Crozes-Hermitage, y St. Joseph.
Los vinos parcelarios de la reducida producción de la
Côte Rôtie son buscados por los grandes amantes
de los vinos en todo el mundo, al igual que los vinos Blancos
de Condrieu de una calidad, frutosidad y frescor excepcional.
Un poco más al sur, las terrazas de Hermitage con su
suelo granítico, tiene en sus vinos parcelarios –
a los que se distingue como “ermitage” sin “h”
– a las joyas de la denominación: Méal,
Gréfieux, Beaume… Se trata de vinos poderosos casi
como oportos, que mejoran con los años de crianza hasta
desarrollar unos aromas y sabores impresionantes.
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